Patrimonio Mundial
en España

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Hispania Romana y Visigoda. Patrimonio Mundial en España.

Muralla de Tarragona. Foto: Otero.
Anfiteatro de Mérida. Badajoz. Foto: Latova.
Zona arqueológica de las Médulas. León. Foto: Mº de Educación, Cultura y Deporte.
Muralla de Lugo. Foto: Otero / Latova.
Monasterio de San Millán de Yuso.
Torre de Hércules.

Tras la intensa presencia de fenicios, griegos y cartagineses, la actual España nació como unidad administrativa con la ocupación romana, a partir del siglo I a. C., y se prolongó durante más de 400 años. Junto a un derecho, una civilización y una lengua (que se convertiría en lo que hoy es el español), el Imperio Romano dotó a España de una vasta urdimbre civilizatoria que vertebró a los pobladores originales, celtas e íberos, y que hoy sobrevive en forma de vestigios arquitectónicos y artísticos. Cinco de ellos han sido declarados Patrimonio Mundial por su excepcional belleza y su excelente estado de conservación.

El primer centro administrativo y mercantil de Roma en suelo español fue la ciudad de Tarraco, la actual Tarragona, en Cataluña. Tárraco fue sumamente importante para el desarrollo urbanístico y estético de su tiempo, y sirvió de modelo para otras capitales en el resto del mundo romano. Su conjunto arqueológico nos ofrece un testimonio elocuente de lo que la romanización significó para la Península Ibérica.

Como nos lo ofrece otro gran conjunto arqueológico: el de Emérita Augusta, hoy Mérida, capital de Extremadura. Emérita Augusta, fundada en el año 25 a. C., fue capital de la provincia romana de Lusitania y hoy ofrece al visitante restos muy completos en buen estado de conservación: no sólo un gran puente y un excepcional sistema de suministro de agua, sino también un anfiteatro, un teatro y un enorme circo.

Esos restos siguen vivos en la Mérida de hoy, cuyo Festival de Teatro Clásico vuelve a dar voz al gran teatro grecorromano, recordando así el tiempo en que la Hispania romana produjo un talento universal: Séneca.

Roma fue también una economía y una industria. Y esas actividades dejaron en España un testimonio impresionante: las minas de Las Médulas, en León, en el noroeste de nuestro país, cuyos yacimientos de oro fueron trabajados a conciencia mediante técnicas de hidráulica aplicada que no han dejado restos tan visibles en ningún otro lugar de Europa. Otra obra de ingeniería singularmente importante es el Acueducto romano de Segovia, que se mantiene en perfecto estado de conservación y que da a esa ciudad castellana una imagen inconfundible.

En Segovia el acueducto se une con la excepcional belleza de la ciudad medieval, su barrio moro y su barrio judío, su catedral gótica y su alcázar; es todo el conjunto el que fue declarado Patrimonio Mundial. Y el último vestigio de la Hispania romana que ha merecido esa declaración es la impresionante Muralla de Lugo, en Galicia, en el extremo noroeste de la península: el recinto amurallado del viejo Lucus ha sobrevivido intacto al paso de los años y está considerado como la fortificación romana más importante y mejor conservada de la Europa occidental.

El epílogo de la Hispania romana se escribió en una ciudad que fue, a la vez, prólogo de la España goda: Toledo. Con la caída del Imperio Romano y la institución del reino visigodo en España, esta ciudad de la actual Castilla-La Mancha pasó a convertirse en capital del nuevo estado. En aquella España visigoda surgirá una obra cumbre: la de Isidoro de Sevilla. Y Toledo, siglos después, continuará gozando de un puesto de privilegio como testigo de nuestra historia: tras la caída de los visigodos, será fortaleza del Emirato de Córdoba; después, puesto avanzado de la España cristiana en lucha contra el islam, y posteriormente sede del poder supremo bajo el reinado de Carlos V. En esta ciudad alumbraron sus obras genios como El Greco. En sus calles se acumulan obras maestras de dos milenios y de varias culturas. Durante la Edad Media, la coexistencia del judaísmo, el cristianismo y el islam generará un clima de tolerancia que favoreció extraordinariamente el desarrollo de la cultura. Episodios como el de la Escuela de Traductores de Toledo son inseparables de esa atmósfera singular.

Antes de la llegada de los árabes, aún en la España goda, se construirá un monasterio de singular importancia para nuestra cultura: San Millán de Suso, en La Rioja, fundado por este santo a mediados del siglo VI. Aquí, en San Millán de Suso, se escribieron los primeros textos en lengua castellana, el idioma que más tarde se convertirá en el actual español. Aquí se conservan también algunos de los vestigios escritos más antiguos de la lengua vasca. Y aquí escribirá sus versos Gonzalo de Berceo, el primer poeta de la historia de nuestra lengua. Al Monasterio de San Millán de Suso se unirá mucho más tarde, en el siglo XVI, un nuevo edificio: San Millán de Yuso. El conjunto de ambos ofrece una singular mezcolanza de elementos mozárabes, visigodos, medievales, renacentistas y barrocos. Una síntesis de mil años de Historia de España.

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