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Museos

Conservación en los Museos

Restauración

Por distintas razones, los bienes culturales custodiados en los museos pueden llegar a necesitar una restauración. Una buena conservación preventiva evita actuaciones de restauración, que siempre se deben contemplar como intervenciones límite cuando no existen otras alternativas. La restauración de colecciones está definida por el teórico Cesare Brandi como: «... el momento metodológico del reconocimiento de la obra de arte, en su consistencia física y en su doble polaridad estética e histórica, en orden a su transmisión al futuro». Por tanto, la operación de restauración es puntual en el tiempo y en el ámbito de aplicación.

Procedimientos

La restauración de los bienes culturales de los museos estatales responde a unos criterios unificados, de acuerdo con las normas internacionales (Carta del Restauro y otras recomendaciones) y la Ley 16/1985, del Patrimonio Histórico Español.

En el caso de intervenciones sobre bienes adscritos a los museos de titularidad estatal, existen distintas vías de actuación:

  • En primer lugar, mediante el personal de restauración del propio museo.
  • En segundo lugar, a través del Instituto del Patrimonio Histórico Español, IPHE , en el caso de las Comunidades Autónomas, de sus respectivos institutos de restauración.
  • También se puede acudir a la ayuda complementaria de restauradores contratados temporalmente a través del Instituto Nacional de Empleo o becarios de instituciones oficiales.
  • Y por último, si las opciones anteriores no pueden resolver la necesidad planteada por el museo, se contratan los servicios de empresas especializadas en restauración, de acuerdo con la normativa en materia de contratos de las Administraciones Públicas.

Legislación y recomendaciones internacionales

Como documento base a la hora de marcar criterios de intervención contamos con la Ley 16/1985, del Patrimonio Histórico Español Entre sus artículos, podemos destacar:

«En el caso de los bienes inmuebles, las actuaciones irán encaminadas a su conservación, consolidación y rehabilitación y evitarán los intentos de reconstrucción, salvo cuando se utilicen partes originales de los mismos y pueda probarse su autenticidad. Si se añadiesen materiales o partes indispensables para su estabilidad o mantenimiento, las adiciones deberán ser reconocibles y evitar las confusiones miméticas» (artículo 39.2, Título IV).

«Las restauraciones respetarán las aportaciones de todas las épocas existentes. La eliminación de alguna de ellas sólo se autorizará con carácter excepcional y siempre que los elementos que traten de suprimirse supongan una evidente degradación del bien y su eliminación fuere necesaria para permitir una mejor interpretación histórica del mismo. Las partes suprimidas quedarán debidamente documentadas» (artículo 39.3, Título IV).

La historia reciente de la restauración sigue las directrices marcadas por las recomendaciones internacionales que han definido una forma de actuar en este terreno. En concreto debemos referirnos a La Carta de Atenas de 1931, La Carta de Venecia de 1964 y La Carta del Restauro de 1972, Nueva Carta del Restauro, de la conservación y restauración de los objetos de arte y cultura de 1987, el Documento de Pavía de 1987, y la Carta de Cracovia de 2000. Todas ellas insisten en las ideas de respeto histórico y artístico y recuperación de la legibilidad del bien cultural, pero salvaguardando todos sus valores materiales y documentales intactos, sin eliminar aportaciones de otras épocas, ya que son testimonio del quehacer humano. Como ejemplo:

  • Carta del Restauro de 1987 : «Las medidas de conservación se refieren no sólo a la salvaguardia del objeto singular y del conjunto de objetos considerados como significativos, sino también a las condiciones del contexto ambiental... Las medidas de restauración que intervienen directamente sobre la obra para detener, en lo posible, daños y degradación, deben ser actuaciones que respeten la fisonomía del objeto tal como ha sido transmitida por sus naturales y originales vehículos materiales, manteniendo fácil su lectura.»
  • Carta de Cracovia de 2000 : «El mantenimiento y la restauración son una parte fundamental del proceso de conservación del Patrimonio. Estas acciones tienen que ser organizadas con una investigación sistemática, inspección, control, seguimiento y pruebas. Hay que informar y prever el posible deterioro y tomar las adecuadas medidas preventivas.»



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