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La toma de Manila de 1762

 

Vióse Manila, capital famosa,
de británicas huestes invadida.
Apeló a la defensa presurosa,
de sus fidelidades impelida,
mas hizose su entrega tan forzosa
porque fue la ventaja desmedida
que a ser su munición de igual calibre
en tal asedio quedaría libre.

Alonso Jaén y Castillo


Mapa. 1777

Gran parte de Europa y sus posesiones coloniales se desangraban desde 1756 en una serie de conflictos que conocemos como la Guerra de los Siete Años, el primer enfrentamiento que se desarrolló en todos los continentes. En él se enfrentaron tres de las principales monarquías europeas: Gran Bretaña, Francia y España. La primera para romper definitivamente el equilibrio internacional sancionado por el Tratado de Utrecht y las otras dos para mantenerlo, aunque desde posiciones bien distintas. En 1759, el empuje militar británico no sólo liquidó las posesiones francesas en Norteamérica, el Valle de Ohio y Quebec, y su poder naval en la batalla de Quiberon, sino que, además, desalojó la presencia francesa en el subcontinente indio, culminando con la toma de Pondicherry en 1761.

Hasta ese momento, España, que no había participado aún en el conflicto, pese a sufrir el ataque de corsarios ingleses sobre sus posesiones y navíos, firmó, en agosto de 1761, con Francia el Tercer Pacto de Familia. En él, ambas potencias se comprometían a ayudarse para recomponer el statu quo internacional. El objetivo de España era blindarse ante el inevitable ataque británico, que trataría, una vez resuelta su rivalidad con Francia, de desquitarse de su reciente fracaso en la Guerra de la oreja de Jenkins (1739-1748).

Puerto de Cavite. 1753

En enero de 1762, el Reino Unido y España se declaraban la guerra y el gobierno británico ordenaba el ataque a tres de las más importantes ciudades coloniales españolas: La Habana, Granada, en la actual Nicaragua, y Manila, en un intento de repetir su annus mirabilis de 1759. Su finalidad: quebrar el flujo comercial español con sus colonias en beneficio propio. No en vano, tanto el lucrativo negocio de la trata de esclavos, el asiento de negros, que había sido cedido en régimen de monopolio a la South Sea Company, como el navío de permiso, la autorización para que los barcos ingleses de 500 toneladas de carga comerciasen con las colonias españolas, estuvieron prácticamente durante medio siglo en manos inglesas como consecuencia del Tratado de Utrecht (1713). El propósito no era apoderarse del inexpugnable Galeón de Manila, sólo fue apresado en 1587, 1709 y 1743, sino conquistar la capital filipina, la puerta de acceso de España, y de salida de su plata, a la mayor fábrica y mercado del mundo: China. Gran Bretaña tenía el metal que el mercado chino demandaba como resultado de su situación privilegiada en el comercio americano labrado durante el Setecientos, sólo les faltaba apoderarse de un lugar donde afincarse.

El Gobierno británico aprobaba el mismo mes de enero de 1762 el plan de ataque del Coronel William Draper sobre Manila. La expedición formada por casi  siete mil hombres zarparon de Madras (India) el 29 de julio, llegando el 22 de septiembre a Cavite, el puerto de Manila, donde fondeó la flota comandada por el almirante Samuel Cornish. El 25 de septiembre, tras un desembarco previo de tropas, comenzó el cañoneo de la ciudad, que capituló el 5 de octubre, sin que el Gobernador General de Filipinas, el arzobispo de Manila, el criollo mexicano Manuel Rojo del Río y Vieyra (1708-1764), hubiese cerrado un acuerdo previo con los enemigos. La ciudad fue saqueada por las tropas británicas y un mes después, Dawsonne Drake, un oficial de la British East India Company que había gobernado durante 20 años White Town, la actual Madras (India), se convertía en la nueva autoridad colonial

Sin embargo, la presencia inglesa en Filipinas no transcendió mucho más allá de Manila gracias a la brillante oposición que organizó el oidor de la Real Audiencia Simón de Anda y Salazar (1701-1776) desde Bacolor (Pampanga, Filipinas). Antes de la caída de la capital, Anda fue comisionado como visitador del resto de la colonia, con la oposición del arzobispo Rojo del Río, para conservar la autoridad de Carlos III. Pero el mismo día en que cayó Manila, Anda, dio un paso más, se proclamó capitán general y gobernador supremo de las Filipinas y presidente de su Real Audiencia, siendo reconocido como tal por los alcaldes mayores de las actuales provincias de Bulacán y Pampanga. Esto le permitió organizar progresivamente un ejército que terminó por contener tanto a los británicos como a los filipinos y chinos, favorables a los nuevos ocupantes.

En verano de 1763, los británicos recibieron un despacho de diciembre de 1762 en el que se ordenaba el cese de las hostilidades ante el más que probable tratado de paz, que terminó firmándose el 10 de febrero de 1763. El Tratado de París dibujaba un nuevo reparto del mundo colonial europeo, del que España no salía muy perjudicada. Un año más tarde, el 2 de marzo de 1764, la noticia sobre el acuerdo definitivo de paz llegó a Manila.

La capital de Filipinas, igual que La Habana, eran restituidas a España y Simón de Anda entraba en el Palacio del Gobernador. Carlos III volvía a ser señor de vasallos en aquella parte del mundo, pero lo que era más importante, España volvía a adquirir directamente las preciadas manufacturas y materias primas chinas con sus propios pesos de plata acuñados en las cecas americanas, tan estimados por el emperador con el objeto de fundirlos o reutilizarlos como moneda en el celestial Reino Medio. Los esfuerzos de Anda se vieron recompensados, volvería a España para integrarse como consejero en la más alta magistratura de la Corona: el Consejo de Castilla.

 

¿Qué documentos puedo encontrar en PARES sobre la toma de Manila por los británicos?

Los expedientes generados por este hecho bélico de tanta transcendencia se conservan prácticamente en el Archivo General de Indias. En el legajo 44 de la sección de Estado se custodia la documentación derivada de  las negociaciones de paz entre las coronas británica y española sobre la devolución y el pago de las indemnizaciones por la ocupación. Por este motivo, se guardan los testimonios sobre la toma y ocupación de la ciudad, entre los que destacamos el del propio arzobispo Rojo y el de un fraile dominico de origen chino. En oposición a este relato se encuentra el que redactó Simón de Anda, en agosto de 1763, desde el cuartel de la resistencia en Bocolor, y en el que califica de traidora la actitud del arzobispo Rojo.

Las capitulaciones de la rendición de la ciudad entre el arzobispo Rojo y el general Draper, para rendir y evitar el saqueo de la ciudad, fue uno de los documentos sobre los que trabajaron los ministros plenipotenciarios en París. Uno de los aspectos de la negociación fue la exigencia de los británicos de la entrega de cuatro millones de pesos, los reales de a ocho de plata, como compensación para evitar el saqueo, que finalmente se produjo. En un documento de este expediente podemos ver como la plata era el objeto de deseo de los británicos, fuese el estado en que se encontrase, bien acuñada bien labrada en objetos litúrgicos. En cualquier caso, como la cantidad de dinero era ingente, el arzobispo de Manila tuvo que librar una letra de cambio por un valor de 2 millones de pesos en favor del almirante Cornish con objeto de cumplir con las capitulaciones pactadas en la rendición de la ciudad.

Una de las disputas de las negociaciones de paz fue la presa del navío español Santísima Trinidad por parte de los británicos y si su carga debía computarse en el pago por la rendición. Por este motivo, se encuentra el inventario de la carga del Santísima Trinidad que en vez de llegar a Acapulco (México), terminó en el puerto inglés de Plymouth. Aunque la Paz de París se cerró en 1763, las negociaciones sobre las compensaciones de guerra fueron largas. En julio de 1771, casi una década después, Simón de Anda informaba al marqués de Grimaldi, el secretario de Estado de Carlos III, sobre las negociaciones entre España y Gran Bretaña sobre la toma de Manila.

En PARES podemos encontrar, además de la documentación citada, las referencias de archivo de seis legajos pertenecientes a  la Real Audiencia de Filipinas, conservados en la Sección de Gobierno del Archivo General de Indias, sobre este hecho militar y diplomático del que se cumplen el 250 aniversario.

 Plano de Manila. 1764  Plano de Manila. 1720  Plano de Manila. 1766  Mapa de China. 1555  Mapa de Luzón y Hermosa. 1597  Militares del Regimiento de Manila. 1786

 

Jesús Espinosa Romero
SG de Archivos Estatales

 

 


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