
Fecha: septiembre - octubre
Desde que el ser humano se hace sedentario y se establecen poblamientos organizados, la defensa del territorio ha constituido una preocupación constante a lo largo de la historia de la humanidad. Así, han sido construidos castillos, fortalezas, torres defensivas o murallas; generalmente situados en lugares estratégicos para controlar los lugares de paso, para proteger fronteras o costas, etc. Pero además, siempre ha existido una preocupación por defender los asentamientos humanos. Desde la Prehistoria, los núcleos de población han estado rodeados de murallas, ya que era el medio más efectivo para protegerse de amenazas externas.
En la actualidad, se conservan numerosas murallas históricas, sobre todo de época medieval. Las ciudades han ido creciendo a lo largo del tiempo y las murallas se han quedado en su interior, bordeando a los denominados cascos históricos. Hoy día ya forman parte de la fisonomía de estas ciudades, de su paisaje urbano. Estamos habituados a convivir con ellas, pero quizá no las conocemos realmente. Ahora se plantea un desafío en relación con su futuro: el de su conservación y su integración en el planeamiento urbanístico.
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